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Todos y cada uno de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos deseado tener nuestro propio negocio para ser totalmente independientes y no tener que rendirle cuentas a nadie. Creemos que al ser nuestro propio jefe podremos hacer todo lo que deseamos y además ganar dinero. Digamos que cuando llegamos a la edad adulta cambiamos nuestra aspiración infantil de ser superhéroes o famosos artistas de la televisión por la de convertirnos en empresarios.
¿Es soñar demasiado? Por supuesto que no. Cualquiera que se lo proponga puede ser un famoso artista si su determinación es total y absoluta. Y para ser empresario se necesita lo mismo. ¿Cuáles son las aspiraciones de la mayoría de nosotros? Sin temor a equivocarnos se puede asegurar que a menos que alguien forme parte de la lista de los hombres (o mujeres) más ricos del mundo cuyas necesidades ya están completamente satisfechas, para el resto de las personas una parte importante de nuestros anhelos tienen que ver con el dinero o con cosas materiales que también se adquieren con dinero.
¿Acaso el mundo gira en torno a la riqueza? La respuesta está en las manos de cada uno de nosotros, pero la intención no debería ser la de convertir a las personas en millonarios sino en empresarios, que no es lo mismo. ¿Y tiene sentido ser empresario si se busca algo más que dinero? Ser empresario tiene mucho más sentido del que suponemos.
A continuación se presenta una breve pero concisa lista de las principales características que, según los expertos, debe reunir un empresario:
Un empresario siempre trabaja más que un empleado, y gana menos en muchas ocasiones, pero ésa determinación que mencionamos le permite disfrutar plenamente de su trabajo, o como dirían los grandes sabios de la antigüedad: Dedica tu tiempo y energía a hacer sólo lo que verdaderamente te apasiona v no tendrás que trabajar el resto de tu vida.
Como se puede observar, éstas características pueden formar parte de cualquiera de nosotros sin mayor problema, ¿acaso no somos responsables, tenaces y con iniciativa siempre que alguien nos pregunta?
Pero también hace falta complementar nuestras cualidades relacionándolas con las satisfacciones que nos ofrece iniciar un negocio al disponer además de un equipo de colaboradores que nos permite entre otras cosas:
Y hablando de trabajadores ¿qué ocurrió cuándo hicimos nuestra primera solicitud de empleo?, ¿cuánto tiempo tardamos en colocarnos en una empresa? Al parecer el día de hoy es mucho más fácil poner un negocio que encontrar empleo, y si no es más fácil, por lo menos puede ser más rentable si tomamos en cuenta la gran cantidad de seres humanos en el mundo que perciben menos de un dólar al día para satisfacer sus necesidades más elementales. Quizás otro factor que nos detiene para convertirnos en empresarios sea el hecho de que siendo patrones ya no contaríamos con beneficios sociales ni vacaciones pagadas, y éstas circunstancias nos obligarían a tener incertidumbre sobre el futuro. ¿Y si no vendemos?, ¿y si no funciona?, ¿y si no podemos?, ¿y si no... ?, ¿y si no... ?, ¿y si no... ?
A partir de éste momento, ya no cualquiera de nosotros está en posibilidades de comenzar una empresa pues implica un mayor esfuerzo y dedicación de nuestra parte, y es aquí donde comienza lo verdaderamente motivador de ser emprendedor pues se necesita más fortaleza interior, más determinación y sobre todo mayor necesidad de realización personal que la mayoría de las personas no tiene, es decir, ser empresario implica pertenecer a una raza diferente, aunque muchos digan que en peligro de extinción.
Después de todos los argumentos expuestos sólo falta decidirnos por ser empresarios y ahora también necesitamos comenzar a construir nuestra empresa sobre unos sólidos cimientos si es nueva, y si ya existe, hacer un alto en el camino para realizar un auto examen que nos diga en qué situación se encuentra nuestro negocio, qué partes del mismo hay que reconstruir y qué otras necesitan sólo una "manita de gato". También habrá que revisar si sabemos a donde vamos y qué necesitamos hacer para llegar a nuestro destino, si disponemos de suficientes provisiones y energía para el camino y si estamos dispuestos a esperar el tiempo necesario para cosechar el fruto de nuestra siembra.
Si el hecho de decidir convertirnos en empresarios es una carrera que muy pocos deciden cursar, ahora conseguir que el negocio que se inicia no fracase es un reto todavía más grande.
Estadísticamente hablando solo cinco de cada cien negocios logran subsistir después de cinco años. Esta tendencia no es privativa de los países de Latinoamérica ya que incluso en los países altamente industrializados la microempresa es considerada como una empresa de subsistencia precisamente por la alta mortandad de la misma, lo que demuestra que muchos nuevos empresarios deciden iniciar un negocio propio como una actividad pasajera en espera de una mejor oportunidad de empleo.
Aunque no es una regla establecida, la gran mayoría de las empresas inician como negocios familiares en el mejor de los casos, y en el peor, como iniciativas personales. Este hecho por sí mismo podría explicar la alta mortandad de negocios dentro de los primeros años de existencia, pero las empresas como las personas son entidades integrales y multifuncionales, características que se reflejan incluso en el momento de desaparecer. Por ésta razón es difícil, sino imposible, atribuir a una sola causa la mortandad empresarial, pero así como cada persona es única e irrepetible, las empresas también lo son, y aún cuando lográsemos establecer las cinco, nueve o veinticuatro causas que originan la desaparición de los negocios, se tendrían que encontrar éstas mismas causas dentro de cada empresa en lo particular.
Como no disponemos del tiempo y los recursos necesarios para emprender esta maratónica tarea, entonces trataremos de realizar una pequeña contribución al quehacer empresarial proponiendo algunas alternativas que pueden seguir los pequeños negocios para reducir al máximo las posibilidades de fracaso (las grandes empresas disponen de los recursos suficientes para hacerlo sin nuestra ayuda).
Mucho de ésta labor dependerá del grado de compromiso que tenga el empresario con su negocio y su deseo de lograr la permanencia, ya que implicará quizás tener que realizar cambios en la manera de ver ese negocio así como en la forma de dirigirlo y organizarlo. Se deberá romper con el tradicional papel en el que el dueño de un negocio pequeño tiene que ser un TODOLOGO. El empresario debe "conocer de todo" pero no necesariamente "hacer de todo", ya que el exceso de actividades operativas impiden la realización de actividades directivas.
¿Parecerá conocida la frase que utilizan algunos dueños de empresa: "No me alcanza el tiempo para nada"? Casualmente quienes la mencionan son personas que trabajan intensamente todo el día, van de aquí para allá, atienden llamadas telefónicas, dan órdenes a sus empleados, acuden al banco, visitan clientes, realizan trámites, se pelean con el abogado y mucho más.
Veamos un resumen de las muchas conclusiones a las que han llegado diversos especialistas sobre los motivos que originan el cierre de una empresa, insistiendo en que dicho resumen no pretende más que servir como punto de partida a una tarea que podremos realizar de manera conjunta a partir de hoy:
Cuando una empresa se encuentra en dificultades, es lógico que se piense en una gran variedad de posibles causas que expliquen dicha situación, explicaciones que van desde problemas familiares hasta hacer responsable a la tan golpeada globalización pasando por los empleados sin compromiso, materias primas costosas y de mala calidad, excesiva competencia y además desleal e incluso se culpa a los fabricantes chinos por abaratar en exceso su mano de obra.
Esto resulta curioso porque muy pocas veces se señala al verdadero culpable de la mala situación de una empresa, es decir, al empresario mismo. ¿Quién no resuelve los asuntos familiares de forma adecuada como la sucesión o la distribución de las acciones? ¿Quién no se ha preocupado porque en un mundo evidente e irremediablemente globalizado la empresa sea de clase mundial? ¿Quién no motiva a los empleados? ¿Quién acepta proveeduría cara y de mala calidad? ¿Quién sigue vendiendo lo mismo que sus competidores sin buscar un poco de innovación? El empresario.
Pero no todo es tan malo y hago la aclaración de que no es mi intención dedicar este espacio sólo a criticar aunque sea constructivamente. Más bien se trata de invitarlo a usted, dueño o directivo de una empresa, a mirarse en este espejo y dedicar unos minutos a la reflexión para tratar de encontrar juntos las respuestas que su negocio necesita. Stephen Covey utiliza sus hábitos, Og Mandino sus pergaminos, Laurence Peter su principio y muchos otros autores han tratado de encontrar infinidad de fórmulas que permitan descubrir lo evidente: si una empresa fracasa, es por culpa de su dueño y de nadie más.
Y aquí pido un poco más de su atención. No busco más que comenzar desde el principio. No se puede resolver un problema si se desconoce la causa. Si el empresario no reconoce que es él quien está tomando decisiones equivocadas sobre su negocio, entonces tampoco podrá poner en práctica soluciones adecuadas porque no resolverá el problema de fondo, es decir, su forma de dirigir la empresa. ¿Y basta con aceptar que nos estamos equivocando para que los problemas comiencen a resolverse? Aunque usted no lo crea, sí.
Y ahora debemos enfocar todos nuestros esfuerzos a contestarnos ¿qué estoy haciendo mal en mi negocio? Quitemos de nuestra mente la idea de que "no es posible que estemos equivocados porque de lo contrario la empresa no hubiera existido". Esta afirmación tiene dos partes, dos tiempos: ayer y ahora.
El hecho de que ayer hayamos formado una empresa exitosa no significa que por simple consecuencia hoy también lo sea. Todas las cosas que valen la pena requieren esfuerzo al inicio y durante su existencia, cuando éste termina, también termina aquello por lo que se luchó. Obtener un título universitario pudiera parecer la meta pero en realidad es una escala más del camino que nos exige mantenernos vigentes, actualizados y al pendiente de lo que suceda en nuestra profesión.
Obtener la certificación ISO también exige de la empresa que la obtiene una constante revisión y mejora de sus procesos so pena de perderla. Una empresa que hace 30 años inició en un modesto taller y que ha ido creciendo con el paso del tiempo, hoy tiene otras necesidades. No cabe duda de que se trata de un logro digno de aplausos para el empresario, pero hoy el empresario debe estar a la altura de la empresa que tiene entre sus manos. No puede, ni debe, seguirla manejando como cuando era ese pequeño taller. Los tiempos, los trabajadores, el mercado y la competencia también se han transformado.
Regresemos a la pregunta ¿qué está haciendo mal el empresario? Por simple que parezca, es uno sólo el error que está cometiendo y de ahí se derivan los demás problemas. El error del empresario es NO dirigir su empresa sino simplemente formar parte de la misma. Me explico.
¿Cómo descubrir si nuestro producto es obsoleto, si los empleados son improductivos o si la empresa va en un rumbo equivocado? Observando. Pero la mayoría de los empresarios no observan, trabajan. Por meterse en la operación, por estar al pendiente de los detalles de la producción, por cuidar hasta el último centavo que se gasta en la empresa, es decir, por estar trabajando, el empresario olvida su verdadero papel: dirigir.
¿Cuándo se ha visto al director de una orquesta dejar su batuta y tomar el violín porque el violinista lo hace mal? ¿Cuándo se ha visto al piloto de un avión ponerlo en automático y caminar entre los pasajeros porque no le gusta cómo sirven las azafatas el refrigerio? ¿Cuándo se ha visto que el arquitecto responsable de una obra tome la carretilla y se dedique a transportar el colado de los cimientos? No dudo que haya arquitectos que lo hagan, pero seguramente siguen construyendo casas y los rascacielos se los encargan a otros profesionistas con mayor espíritu directivo.
Parecerá demasiado simple (y lo es), pero los empresarios no deberían trabajar sino dirigir. Deberían luchar por quitar de su mente la idea de que son improductivos si sólo se sientan a observar y analizar. Un empresario improductivo es aquél que por dedicarse a hacer lo que sus empleados no hacen, deja de dirigir lo que nadie más que él puede hacer.
Autor: Gustavo Vargas. Consultor. Licenciado Ciencias Económicas y Empresariales, sección Empresariales. "...Me gusta decir que soy contador público por profesión y empresario por vocación. Me dedico a enseñar a las personas de todas las edades cómo iniciar un negocio propio o mejorar el que tienen mediante metodologías propias que cuentan con reconocimientos de varios organismos internacionales. También escribo para varios medios y tengo un programa de radio. Y por supuesto, me dedico a la consultoría de negocios pequeños."
E-mail: iniciatuempresa@hotmail.com
Fecha de publicación: 15/06/08
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